Pocas veces un debut literario concitó un aplauso tan unánime. Con dos novelas que están entre las más editadas y traducidas de la literatura española: Luna de lobos (1985) y La lluvia amarilla (1988). De un golpe había nacido todo un universo creativo. Sin auxilio mediático.
Aunque licenciado en Derecho, se decantó pronto por el ejercicio periodístico. Mientras gestaba dos excelentes poemarios: La lentitud de los bueyes (1979) y Memoria de la nieve (1982), premios González de Lama y Jorge Guillén respectivamente. El entierro de Genarín (1981) entronca con la mejor narrativa picaresca; prosa igual de sugerente, si bien una disposición más piadosa. Escenas de cine mudo (1994) y El cielo de Madrid (2005) son dos agridulces miradas autobiográficas, una rebusca en la infancia, la otra censa las cicatrices del adulto. Cargada de nostalgia llega Las lágrimas de San Lorenzo (2013).
Ha mantenido un largo idilio con el cine, lo que testimonian algunos guiones convertidos en libro: Retrato de bañista (1995), El techo del mundo (1998) y Flores de otro mundo (2000).
Sus cuentos se han ido recopilando en dos títulos: En mitad de ninguna parte (1995) y Tanta pasión para nada (2011). Lo mismo ha ocurrido con su obra periodística: En Babia (1991), Nadie escucha (1995), Los viajeros de Madrid (1998), Modernos y elegantes (2006), Entre perro y lobo (2008). También su poesía está reunida en Versos y ortigas (2009)
Es un perseverante cultivador de la literatura de viajes: El río del olvido (1990), Tras-os-Montes (1998), Cuaderno del Duero (1999) y Las rosas de piedra (2008).