Este libro es fruto de la irrupción en el fértil "imaginario colectivo" de una irrepetible nómina de narradores, cronistas, estudiosos y divulgadores. Esta afortunada confluencia ha permitido actualizar y vivificar las leyendas con voz nueva, fresca y poderosa; pero respetando lo sustancial de la tradición. Se conserva lo que se estima y se estima lo que permanece.

Luis Mateo DíezJosé María Merino, Antonio Colinas, Antonio Pereira, Julio Llamazares, Raúl Guerra Garrido, Elena Santiago...

Formato: 155 X 220 mm
Extensión: 424 páginas
Encuadernación: cartoné
PVP 19,00 €

ISBN: 978-84-941432-0-5

 

 

La leyenda es el lubricante de la historia; sin ella, la maquinaria intelectual chirría y el progreso social sufre averías constantes. Somos animales soñadores que necesitan proteger las aristas de la razón pura con espuma de mito, fantasía y magia. Mas luego, en algunas ocasiones, la realidad se ha empeñado en imitar los sueños.

La leyenda es el gran patrimonio cultural de los pueblos, el que mejor los retrata. Y, antes que ninguna otra cosa, la literatura comenzó siendo un repertorio de mitos y aventuras legendarias.

La condición de territorio histórico que hospeda en la misma casa espíritus celtas, astures y meseteños hace de León un lugar privilegiado y paradigmático. Lo explica bien en la introducción a este libro José María Merino, académico de la RAE, compilador y estudioso de las leyendas ibéricas: “Hay pocos espacios en España con tal riqueza de imaginario”.

Este fabuloso patrimonio se ha puesto en manos de una irrepetible nómina de creadores para que sea vivificado con su talento.

 

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José María Merino: ‘León y lo legendario’. José Antonio Balboa de Paz: ‘Historia y leyenda’. Margarita Cecilia Torres Sevilla Quiñones de León: ‘El fantasma de don Pedro de Villamizar’. Javier Tomé y Ana María Villanueva: ‘¡Mujer hay en la guerra!’. Elena Santiago: ‘De realidades y sueños’. Mario Sáez de Buruaga: ‘Oído y contado a miles de kilómetros’. Jaime Rodríguez Lebrato: ‘El cautivo de Argel’. Francisco Javier Rúa Aller: ‘El duende de Mena’ y ‘La cinta verde’. Francisco José Purroy Iraizoz: ‘¡Qué viene el lobo!’. José Luis Puerto: ‘La tormenta’ y ‘Las brujas’. Juan Luis Puente López: ‘Dos sepulcros para Ordoño II’. Marta Prieto Sarro: ‘El hijo del rey de Persia’. Nicolás Miñambres: ‘El encierro de Gerardín (y otros pájaros de cuenta)’. Ana Merino: ‘Escenas alrededor de la leyenda de Bernardo del Carpio’. José María Merino: ‘El culebrón de la Peña Gotera’. José Enrique Martínez: ‘La Virgen del Dado’. Alfredo Marcos: ‘San Isidoro de Europa’. Julio Llamazares: ‘La cabra loca de San Bartolomé de Rueda’. Estanislao de Luis Calabuig: ‘La culiebra de Sajambre’. Aurelio Loureiro Suárez: ‘La veta dorada’. David Gustavo López: ‘Borenia, la xana del lago Carucedo’. Raúl Guerra Garrido: ‘El prodigioso cofre de doña Oda perdido en algún lugar del Bierzo’. Manuel González Álvarez: ‘La calle del Mulhacín’. José Luis Gavilanes Laso: ‘La triste historia de la reina Aldora’. Alfonso García: ‘El topo que puso en peligro la catedral’. Lola Figueira Moure: ‘Leyenda mora de la Presa Cerrajera’. Fulgencio Fernández: ‘La vieja del monte’. Sol Fernández Martín: ‘El tributo de las cien doncellas’. Luis Mateo Díez: ‘La Sacabera’ y ‘El potro del Moriscal’. Ricardo Chao Prieto: ‘La lanza’. Antonio Colinas: ‘Una leyenda de leyendas’. Gerardo Boto Varela: ‘El arquitecto de Dios’. José Antonio Balboa de Paz: ‘Ensueño del lago’ y ‘Baza de almas’. Julio Álvarez Rubio: ‘Las brujas de la Veiga el Palu’. Wenceslao Álvarez Oblanca: ‘Aquel libro de mi pueblo...’ José Luis Alonso Ponga: ‘Las ánimas de Alcuetas’. Joaquín Alonso: ‘La perla del manantial’. Joaquín Alegre Alonso: ‘Una daga de Damasco’ y ‘El lobo de Froilán’. José Luis Puerto: ‘León: itinerario de leyenda’.

{tab Muestra}

El tendero arreó al caballo y apretó el paso. Faltaba ya muy poco para llegar a San Bartolomé, donde pensaba hacer noche en casa de unos parientes para seguir al día siguiente hasta La Ercina, el final de su recorrido habitual. El carromato pasaba ahora junto a las tapias de un nuevo corral de ovejas, cuyo aspecto y color negro delataban la huella de un incendio aún reciente. Contra la palidez helada de la luna, en el silencio de aquel lugar, la arruinada construcción ofrecía un aspecto inquietante y misterioso. De pronto, como surgiendo de entre las paredes, sonó un extraño balido. El caballo del tendero se detuvo y se revolvió inquieto, asustado. Su dueño lo sujetó de las riendas. El balido volvía a oírse, solo que ahora al otro lado de la carretera. El hombre miró a su alrededor. No vio nada, ni una oveja, ni una cabra, nada que justificara aquel balido extraño y huidizo. Y lo peor es que el caballo seguía asustado, reacio a seguir andando por más que el dueño le tiraba del ramal y lo arreaba. Acostumbrado a transitar de noche por aquella carretera y por otras aún peores, el tendero de repente sintió miedo, sin embargo.

Julio Llamazares: ‘La cabra loca de San Bartolomé de Rueda’.

{tab Reseñas}

 “Más de cuarenta leyendas que reaparecen ‘con voz nueva, fresca y poderosa’ de la mano de escritores de hoy, demostrando la potencia de unas historias milagrosamente transmitidas de siglo en siglo (...) repertorio inagotable de relatos históricos y cuentos fantásticos repletos de seres maravillosos y lugares mágicos”.

LEER [VII-VIII/2013].

“Los autores representan una amplia muestra cronológica y profesional, condición que explica las diferencias en el empleo de recursos expresivos (...) Dentro de esta producción multiforme resultan esenciales dos aspectos: la cronología de lo narrado y su tratamiento personal”.

Fernando Conde, ABC/ Castilla y León [30/XI/2013].

“La variedad de temas, recursos y mentalidad hacen de la obra una aportación muy positiva a la cultura leonesa, vista desde otra mirada. Añade además un nuevo atractivo: recuperar el pasado, a veces demasiado lejano, y descubrir nuevos y más amplios horizontes”.

Gabriel Fernandez, ‘Filandón’ / DIARIO DE LEÓN [12/I/2014].

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