Una historia tierna, delicada y divertida, que protagoniza un niño solitario (Teófilo) que descubre un fascinante universo entre los muros de la catedral y sus fantásticos inquilinos de piedra.

Mari Paz Brasas Martínez

Formato: 217 X 200 mm
Extensión: 88 páginas
Encuadernación: cartoné
PVP: 16,00 €

ISBN: 978-84-943305-3-7

 

 

Una obra, al tiempo contundente y emotiva, sobre la soledad de la infancia, pero también sobre la amistad y el amor. Su autora, Paz Brasas, ha desarrollado una larga carrera profesional trabajando con niños y adolescentes con deficiencias en la capacidad de aprendizaje y socialización. Esta experiencia está latente en las páginas del libro, donde los recursos literarios permiten que las palabras sencillas hagan brotar sentimientos profundos y hermosos.

Teófilo convive con su abuelo –sacristán de una catedral– porque su familia está lejos y no puede ocuparse de él. Su soledad se desarrolla en un templo gótico que, capítulo a capítulo, se revela como un poderoso personaje oculto, de quien terminaremos descubriendo muchos secretos. Un gran logro del texto –y lo emparenta con grandes clásicos de la literatura– es conseguir una controlada ambigüedad entre ese espacio mágico y las fantasías infantiles. El meticuloso desarrollo psicológico de los personajes –en especial, la entrañable relación entre el abuelo y el niño– ofrece sugerentes sorpresas. El texto adopta una cuidada naturalidad al narrar algunos episodios dramáticos, sin sobreprotecciones ni remilgos narrativos, pero abriendo cauces de esperanza y consuelo. Al final, el lector se enfrenta a una historia con varios escalones de lectura, de acuerdo a la profundidad de su comprensión.

Las ilustraciones de Raquel Ordóñez realizan una lectura moderna de los personajes y evocadora de los entornos donde se desarrolla la historia. Sobre una maquetación discreta y silenciosa, pistas y señales gráficas esperan al lector atento.

{tab Indice}

Teófilo, Las Bestias, San Cristóbal, Pan de Ángel, Inmortales, Lágrimas de lagarto, Colores, Noviembre, Año Nuevo, vida nueva, Epílogo.

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─Cuando vi que aquel joven miraba los ‘hombres verdes’ que hay junto a la puerta de San Juan, no me pude resistir... Fue hace cinco días. Sí, creo que era miércoles, porque vi pasar a mucha gente hacia el mercado de la Plaza Mayor. El muchacho era más bien flacucho. Tenía el pelo rizado como un estropajo de esparto. Llevaba unas gafas redondas que se le resbalaban hacia la punta de la nariz y que tenía que ajustar subiéndoselas con el dedo corazón cada vez que se aproximaba al relieve para ver los detalles.

Lagarto arrugó la nariz como si husmeara en el misterio. Teófilo, que escuchaba expectante, recordó que había visto en la catedral varias cabezas humanas de esas a las que les salen hojas por la nariz y por la boca. Y no solo de piedra, también las había encontrado de madera, decorando algunas puertas. Desconocía el significado de aquellas figuras pero, lo que más le extrañaba, era que nadie parecía darse cuenta de su existencia.

La tarde regalaba una luz anaranjada a los muros de piedra. Los cuatro amigos estaban en el claustro y Lagarto, en el centro, gesticulaba como en las escenas de cine mudo.

─Me acerqué con cuidado de no hacer ruido, hasta colocarme sobre la repisa de piedra; lo más cerca que pude de él. Luego hablé con una voz muy natural, casi humana diría yo: ¿Verdad que hay bichos estrafalarios en esta catedral?

{tab Reseñas}

“Sensaciones como el desamparo, la soledad, el tiempo con los amigos, la aventura, el misterio o las sorpresas o travesuras son algunos de los ingredientes principales de esta historia que transcurre en un lugar emblemático de la ciudad de León, donde el protagonista, un niño ‘solitario’, vivirá una fantástica historia entre los muros de la catedral y sus ‘inquilinos’ de piedra”.

Silvia Gallo, Agencia ICAL [X/2015].

“Si estás ojeando estas líneas, sabes ya que leer es recuperar un poco de lo que la vida nos niega, perteneces a la cofradía de los ‘letraheridos’, puedo tutearte y aconsejarte en confianza: no te pierdas este libro. Su autora, Paz Brasas Martínez, ha trabajado de veras el oficio de escribir, acumulando buenos cuentos en publicaciones discretas. También utiliza la fabulación como elemento pedagógico en su oficio, es profesora”.

Gabriel Fernández, ‘Filandón’ / DIARIO DE LEÓN [15/XI/2015].

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