El rigor documental y expositivo se ajusta a la concisión y claridad que requieren este tipo de obras. La descripción de la ciudad de Santiago de Compostela sigue el desarrollo del núcleo urbano alrededor de la tumba apostólica. La historia es la urdimbre que sostiene la trama artística y monumental. Una eficaz ayuda para no perderse la ‘esencia compostelana’.

Joaquín Alegre Alonso.

Formato: 120 X 170 mm
Extensión: 64 páginas
Encuadernación: rústica cosida
PVP: 3,90 €

ISBN: 978-84-941432-8-1

 

 

 

Compostela surge en los alrededores de un cementerio que contenía el mausoleo romano erigido en recuerdo del primer apóstol martirizado: Santiago el Mayor. La evolución de ese espacio –meta de la peregrinación jacobea que su existencia pone en marcha– da las claves para entender, no solo el desarrollo histórico de la catedral, sino también la disposición del burgo medieval. El edificio episcopal irá fagocitando, en distintas campañas constructivas, otros templos erigidos en su proximidad. La propia ciudad se organizará alrededor de las plazas definidas frente a los pórticos románicos y recompuestas después por el urbanismo barroco.

Una eficaz mirada sobre el arte y la arquitectura acumulada en siglos de historia es la pretensión de una guía que se apoya en un atractivo y exclusivo reportaje fotográfico.

{tab Indice}

Monxoi, o Santiago desde el mito; Donde todo echó a andar; Pórtico de la Gloria; Plaza del Obradoiro; Plaza de la Inmaculada; Plaza de Platerías; Plaza de Quintana; Rúas viejas; Extramundi.

{tab Muestra}

La catedral compostelana responde a lo que los historiadores del arte etiquetan como ‘iglesia de peregrinación’: planta de cruz latina con crucero desarrollado, espacio fraccionado en tres naves, tribuna, cabecera con girola, cinco capillas radiales y cuatro ábsides en el transepto. El propósito era ofrecer espacios de culto aislados del deambular peregrino. Las naves centrales se cubren con bóveda de cañón sustentada por arcos fajones que apean sobre columnas adosadas a pilares articulados. Para las naves laterales se eligió la bóveda de arista y para la tribuna, la de cuarto de cañón. Nimba el crucero un cimborrio octogonal planteado (1384) por Sancho Martís. En el arranque de las trompas apoya el mecanismo ideado por Juan Bautista Celma para hacer oscilar el botafumeiro. Desde 1322 se tiene noticia de su balanceo; la pieza actual de latón plateado (José Losada, 1851) remplaza a la sustraída durante la francesada.

Las logias de canteros medievales eran, en general, grupos endogámicos muy celosos de sus conocimientos que se desplazaban allá donde la promoción constructiva requiriera sus habilidades. El propio Codex Calixtinus (s. XII) hace este impagable retrato: “Los maestros que emprendieron la construcción de la basílica de Santiago se llamaban don Bernardo el Viejo, maestro admirable, y Roberto, junto a otros cincuenta canteros que allí trabajaban...” Con Gelmírez aparece otro miriabilis magister, Esteban, que completará la obra hasta el crucero (1105), luego se hace cargo de la seo pamplonica. Tal vez miembros de su taller sigan labrando aquí, aunque se les vincule también a otros monumentos de la ruta jacobea. La Crónica Compostelana menciona un Bernardo el Joven (1109). Y claro, está el maestro Mateo (1168) que solventa el comprometido occidente de la fábrica.

{tab Reseñas}

“Se trata de una obra útil y manejable que propone los destinos y rincones ineludibles de la ciudad con una redacción muy cuidada y fotografías de gran calidad”.

Emilio Gancedo, DIARIO DE LEÓN [1/IX/2014].

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