Cuna de san Francisco Javier –patrono de Navarra–, centro devocional de primer orden, soberbia muestra de arquitectura castrense, arcón de arte y plaza histórica fundamental; el castillo de Javier es una visita ineludible y enriquecedora.

Luis Javier Fortún Pérez de Ciriza

120 x 170 mm | 64 páginas | rústica cosida

ISBN: 978-84-16610-02-0

PVP: 5,00 € 

 

 

La ardorosa actividad misionera de san Francisco Javier (1506-1552) convertiría el solar de su familia en un lugar de peregrinación y devoción... Aun hoy es meta de la concurrida ‘Javierada’.

El castillo –muestra sobresaliente de la arquitectura militar navarra– que perteneciera durante siglos a su linaje, se ha convertido en un interesantísimo museo centrado en la figura del santo jesuita. Atesora una inestimable colección de obras de arte, mobiliario de época, material histórico y didáctico, y singulares estancias como la medieval capilla del Santo Cristo.

También se ocupa la guía de la basílica neorrománica, adosada al poniente del recinto y mandada construir por la duquesa de Villahermosa; así como de la parroquia y de la abadía promocionada por el padre de Javier.

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Un emplazamiento histórico, San Francisco Javier (1506-1552), Torre del homenaje y primer recinto, El castillo del siglo XIII, Reconstrucción y ampliación (siglo XV), Museo, Basílica, Iglesia parroquial y ‘abadía’.

 

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La primera ampliación rodeó la torre del homenaje por tres lados y dejó el septentrional al descubierto. La técnica constructiva cambia; son muros de mampostería exterior con argamasa interior. Se puede datar en el siglo XI, porque es una mera ampliación de la torre, sin pretensiones de configurar un castillo complejo, aunque las estancias obtenidas configuran una residencia para el señor y no un mero reducto  defensivo. Aunque este recinto ha conservado su forma originaria, los retoques en los muros han sido abundantes. Hoy se accede a él por una puerta en planta baja, presidida por el escudo de Javier, pero la entrada inicial estaba en altura. 

En la planta baja hay dos estancias. A la izquierda se sitúa la capilla de San Miguel, probablemente la más antigua del castillo, aunque no se cita expresamente como tal hasta 1536. San Francisco Javier conservó toda su vida la devoción a San Miguel, patrón del castillo, al que siguió invocando durante su actividad misional en Oriente. El enlosado es original, recuperado en la reciente restauración. En el muro oeste se encuentran dos fragmentos de opus spicatum, que son remiendos del siglo XII. Dos saeteras y una lumbrera iluminaban escasamente la capilla. Preside la estancia una imagen de San Miguel, en madera policromada, del siglo XVIII, acompañada por una copia del crucificado de Velázquez.

A la derecha de la torre se encuentra el ‘cuarto del Santo’, así llamado porque  una muy tardía tradición familiar afirmaba que lo ocupó hasta su partida para París en 1525. La forma actual de la ventana se debe a la restauración de finales del XIX. El pavimento de ladrillo, concertado en espiga, reproduce el original. La estancia se ha decorado con piezas del siglo XVII: dos lienzos del Santo (uno con cayado y azucenas, otro abrazando a un crucifijo) y un escritorio de madera de nogal. Solo la tabla de la Virgen con el Niño es de la segunda mitad del XVI.

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